Esquimo Dos Hermanas
Todavía no ha empezado y ya tiene esa electricidad de las cosas que sabes que vas a recordar. Ser fotógrafo de voleibol femenino en Sevilla ya tenía algo especial. Poder hacerlo, además, tan cerca de un equipo así, añade una emoción difícil de explicar.
Está en los días previos, en los mensajes que se cruzan, en las conversaciones que empiezan hablando de trabajo y terminan hablando de todo lo demás. En esa sensación difícil de explicar de que algo importante se está acercando, aunque todavía no haya ocurrido nada.
Quizá lo bonito de algunos proyectos sea precisamente eso, que empiezan antes de empezar.
Empiezan cuando alguien confía en ti. Cuando aparecen las primeras ideas. Cuando una imagen todavía no existe, pero ya puedes imaginarla. Cuando notas que alrededor hay ganas, ambición, nervios, gente empujando en la misma dirección.
Luego llegará lo de siempre: las prisas, los cambios, los horarios imposibles, lo que sale bien y lo que habrá que improvisar sobre la marcha. La realidad tiene esa costumbre de estropear cualquier planificación perfecta.
Pero ahora estamos justo antes.
En ese lugar extraño en el que todo es posibilidad.
Y hay algo precioso en eso. En mirar hacia delante y sentir que quizá dentro de un tiempo volveremos a estos días con cierta nostalgia, recordando cómo empezó todo cuando, técnicamente, todavía no había empezado nada.


